Criterios de decisión para instalar calefacción en una granja de cerdos

No todos los animales de una granja porcina necesitan estar a la misma temperatura. Además, una vez asegurada una temperatura mínima que asegure su supervivencia, la decisión de instalar calefacción o no debe responder a criterios económicos.

En el caso del ganado porcino la necesidad de instalar un sistema de calefacción viene definida por las características fisiológicas de los animales, que determinan a su vez sus exigencias térmicas. Por este motivo conviene recordar que en ocasiones no todos los animales alojados en la nave tendrán las mismas necesidades de temperatura. En este sentido la presencia de lechones (cuyas exigencias térmicas son mayores y que tienen una capacidad de adaptación al entorno menor) puede hacer imprescindible el uso de algún sistema de calefacción que garantice su supervivencia.

Cuando la supervivencia de los animales está garantizada, la decisión de instalar un sistema de calefacción se basa normalmente en criterios económicos.

Planteando la cuestión desde un punto de vista energético, es sabido que las condiciones ambientales van a requerir al animal dedicar un determinado coste de adaptación, en términos de consumo de energía. Es decir, una parte más o menos importante de la energía consumida con el alimento va a destinarse a esa adaptación y no a producción, como sería deseable, con el perjuicio económico que ello representa. Así, si el animal se encuentra en unas condiciones térmicas adecuadas, desarrollará al máximo su potencial genético porque su coste energético de adaptación al entorno será bajo, mientras que, por el contrario, si tales condiciones son deficientes tendrá un coste de adaptación más o menos elevado por cuanto una parte de la energía consumida se destinará a paliar esas condiciones térmicas inapropiadas del ambiente.

Traducido a términos meramente económicos se puede plantear un modelo muy sencillo:

∆ consumo pienso x precio pienso ≥ Coste calefacción

En definitiva, interesará instalar calefacción siempre que su coste sea menor que lo que se ahorre en el consumo de pienso. Esto depende lógicamente del tipo de animal, es decir de sus necesidades térmicas, y de la climatología del lugar donde se localice la granja. En este sentido, en la tabla 2 se expone un ejemplo para ilustrar esa situación, para los costes indicados de calefacción y unos precios de los piensos de 0,22 €/kg el de transición y 0,18 €/kg el de cebo y adultos.

Temperaturas ambientales interiores (columnas tercera a sexta) a partir de las cuales interesaría utilizar un sistema de calefacción porque su coste es menor que el correspondiente al coste del aumento del consumo de pienso.

Peso vivo (kg) Aumento en el consumo de pienso por ºC de descenso de TME (g/d) TME* (ºC) Coste calefacción: 0,42 €/cerdo y mes Coste calefacción: 0,63 €/cerdo y mes Coste calefacción: 0,84 €/cerdo y mes
10 7 20 11 ºC 6 ºC 2 ºC
20 13 15 9 ºC 6 ºC 3 ºC
60 21 13 9 ºC 7 ºC 6 ºC
100 35 12 10 ºC 9 ºC 8 ºC
>140 35 12 10 ºC 9 ºC 8 ºC
TME* (ºC): temperatura mínima efectiva por debajo de la cual aumenta el consumo y disminuye la eficacia de conversión del pienso, debido a estrés por frío. Elaboración a partir de: McFarlane (2004) y Bird (2005).

Por ejemplo, en el caso de cerdos de 10 kg y cuando el coste de calefacción es de 0,84 euros/cerdo y mes, se corresponde con una temperatura de 2 ºC, significa que sólo cuando la temperatura interior es menor de 2 ºC conviene utilizar calefacción.

Cuando los costes de calefacción son elevados, porque lo son generalmente los precios de los combustibles, no compensa claramente su utilización (sin considerar otros riesgos, como los sanitarios).

Por otra parte, el aislamiento térmico de los cerramientos de la granja y el consumo de energía para la calefacción en la misma, están también relacionados. En efecto, el aislamiento de una nave se puede ver como un modo de conservar el calor en condiciones de invierno. Así, si el aislamiento térmico de la nave es alto, se reducen las pérdidas de calor por transmisión a través de los cerramientos, por lo que se conserva el calor interior, y por tanto las necesidades de calefacción se reducen.

De este modo, un nivel de aislamiento bajo (pequeño espesor de aislante, o coeficiente de conductividad térmica alto) supone un coste de instalación bajo, aunque el coste anual en calefacción, para compensar las elevadas pérdidas de energía, aumenta. En cambio, un nivel de aislamiento alto (gran espesor de la capa aislante o baja conductividad térmica del material), supone un coste de instalación elevado, pero un coste anual en calefacción menor.

Una representación gráfica de esta relación se muestra en la siguiente figura.

 

Fuente: Albéitar & Razas Porcinas.


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