Envenenamiento en Cerdos por Maíz Enmohecido
Desde hace mucho tiempo se sospecha que existe el envenenamiento por toxinas de hongos. Ejemplo de ello es el envenenamiento en caballos por maíz enmohecido y los envenenamientos en otras especies de animales por forrajes y granos enmohecidos. Hay numerosos tipos de afecciones causadas por el moho, pero estas no son de naturaleza estrictamente “tóxica”.
En Rusia, Gadjusek (1953) relató el envenenamiento de personas y caballos por toxinas micóticas en el trigo que permaneció durante el invierno bajo la nieve. Boiarskii (1950) observó el envenenamiento por moho en cerdos alimentados con granos, “torta de leche” y torta de girasol contaminadas con hongos. Loginov (1958) relató síntomas de intoxicación en lechones destetados que comieron salvado de trigo enmohecido, del que se aisló Fusarium sporotrichioides var. minus, Este hongo demostró ser tóxico mediante la prueba dérmica en conejos. Fröhner y Voelker (1950) y Glässer y col. (1950) informaron de intoxicaciones debidas a hongos en cerdos y otros animales. Christensen y Kernkamp (1936) se refirieron a disturbios intestinales en cerdos que comieron cebada enmohecida. Kyurtov (1962) relató el envenenamiento de cerdos alimentados con cebada contaminada de Fusarium graminearum. Forgacs y col. (1964) y Forgacs y Carll (1955) demostraron que hay hongos tóxicos para terneros y aves de corral. Sippel y col (1953) describieron envenenamientos por maíz enmohecido en cerdos y bovinos.
El autor observó envenenamientos por maíz, maní, pan y avena enmohecidos en Georgia, Florida y Alabama. El envenenamiento por maíz enmohecido fue común en Carolina del Norte después de un huracán en el otoño de 1955. Case (1956) informó sobre el mismo tipo de envenenamiento en Misurí y en el sur de Iowa, producidos por maíz mantenido durante varias semanas en vagones antes de ser surministrado a los cerdos.
Forgacs aisló cultivos puros de Penicillium rubrum (Stoll) y Aspergillus flavus (Link) de maíz de los campos en Georgia, con los que Burnside y col (1957) lograron producir un envenenamiento agudo en cerdos de prueba.
Una revisión excelente y muy amplia sobre el problema total de las micotoxicosis ha sido presentada por Forgacs y Carll (1962).
Etiología
Los siguientes hongos han sido incriminados como causantes de intoxicaciones agudas en los animales: P. rubrum (Stoll) y A. flavus (Link) en cerdos (Burnside y col., 1957) y A. chevalieri, A. clavatus y A. fumigatus en terneros (Carll y col. 1955). Forgacs y col. (1958) han demostrado que cepas de Stachybotrys atra que habías desarrollado sobre trigo molido, son tóxicas para los cerdos de prueba.
Estos hongos son fácilmente cultivables en medios corrientes. También son útiles el agar de Sabouraud, el agar moicológico (Difco) y el agar micófilo (BBL).
Síntomas Clínicos
Los cerdos intoxicados por maíz enmohecido exhiben síndromes agudos o crónicos. En las piaras en que aparece la enfermedad aguda, los animales se encuentran muertos o están enfermos durante dos días o menos. Están deprimidos, inapetentes y evidencian signos de debilidad con tambaleo de los miembros posteriores. Las mucosas están pálidas pero la temperatura es normal. Puede haber pérdida de sangre por el recto. En algunas ocasiones pueden observarse síntomas en el sistema nervioso central, como por ejemplo estar el animal parado con la cabeza en un rincón o presionándola contra la pared.
Los animales afectados de forma crónica están deprimidos, algunos caminan con marcha rígida, tienen poco apetito y a menudo se mantienen apartados del resto, con la cabeza baja, el lomo arqueado y los flancos encogidos. Con frecuencia los granjeros se quejaban porque sus cerdos perdían peso a pesar de la abundancia del maíz en el campo. Por lo general, las mucosas de los cerdos afectados por la forma crónica están ictéricas.
Lesiones halladas en la necropsia.
La característica más destacada en la mayoría de los casos agudos, son las grandes hemorragias causantes de anemia, especialmente en los animales que se encontraron muertos. Pueden observarse grandes hemorragias retroperitoneales que se extienden desde el diafragma hasta la entrada a la pelvis, que incluyen grandes cantidades de sangre alrededor de los riñones y a veces en el hilio del estómago.
En otros animales, hay grandes cantidades de sangre libre en las cavidades abdominal o torácica. A veces se observan hemorragias desde equimóticas hasta petequiales esparcidas sobre las superfcies serosas. No son infrecuentes las áreas hemorrágicas subcutáneas en la superficie anterior del muslo, en la región sebescapular y en otros músculos. A menudo puede observarse sangre libre en el intestino.
El hígado a veces presenta hemorragias petequiales o equimóticas subserosas. El bazo por lo general se encuentra normal, pero a veces presenta capilares superficiales dilatados o infartos hemorrágicos. En los casos agudos son constantes las hemorragias epicárdicas y endocárdicas profusas.
En los animales con afección crónica, las lesiones más importantes son las cirrosis del hígado y la ictericia de la carcasa. El grado de estas alteraciones es sumamente variable.
Las cavidades abdominales o torácica a menudo contienen grandes volúmenes de un líquido claro, de color pajizo. Mitchell y col. (1956) describieron casos que atribuyeron a envenenamiento con hongos y que presentaban “contidades voluminosas de un exudado seroso dentro de la cavidad torácica, acompañado de un edema pulmonar extenso y una distensión de los tabiques intertubulares por el edema”. En estos casos no había cirrosis.
En los casos crónicos a veces se observa una infiltración gelatinosa debajo de la serosa del colon. Los riñones a menudo están pálidos y tumefactos. En muchos casos los ganglios linfáticos están congestionados y “acuosos”. Las hemorragias equimóticas en los músculos, superficie enterios de los muslos y región subescapular, como las observadas en los casos agudos, también pueden verse con alguna frecuencia en los casos crónicos. Estas lesiones son similares a las que se encuentran en las enfermedades hemorrágicas de las aves de corral. Las hemorragias subendocárdicas son una lesión casi constante en los casos crónicos.
Las alteraciones histopatológicas son más importantes en el hígado, donde en los casos agudos pueden pbservarse lesiones de hepatitis tóxica aguda. Según la cantidad de toxina ingerida y el tiempo transcurrido, las alteraciones pueden varias desde la degeneración adiposa hasta una necrosis con hemorragia lobular. En los casos crónicos las alteraciones son las de una hepatitis tóxica subaguda. Hay una mayor o menos proliferación de la cápsula de Glisson, acompañada de proliferación en los conductos biliares. En los hepatocitos se ven con frecuencia gránulos hialinos de citoplasma degenerado. Se observan diferentes estados de remplazo de tejido conjuntivo de las células hepáticas necróticas situadas centralmente. En muchos de los casos crónicos examinados en la necropsia hubo regeneración marcada e hipertrofia de las células hepáticas periféricas de los lóbulos.
Las lesiones en los riñones incluyen atrofia glomerular, dilatación tubular y varios estados de degeneración del epitelio de algunos rayos medulares.
Las alteraciones en otros órganos tienen poco significado.
Diagnóstico.
Debe sospecharse de esta afección si los cerdos comieron granos enmohecidos, especialmente maíz o maní o si se les suministró alimentación con estas substancias. En muchos casos el maíz se encuentra en el suelo y los animales están forzados a comer granos que hubieran evitado de habérseles proporcionado mejor alimentación.
Es bien sabido que no todos los hongos son tóxicos y que se ingiere gran cantidad de alimentos enmohecidos sin daño aparente, por lo que el simple hecho de encontrar alimento enmohecido no es suficiente para establecer el diagnóstico.
Las lesiones observadas en la necropsia, cuando coinciden con el hallazgo de alimentos enmohecidos , permitió a los veterinarios en zonas endémicas diagnosticar esta afección con suficiente certeza. En casos agudos ayudó la presencia de hemorragia subendocárdicas y otras hemorragias más grandes o más pequeñas. En los casos crónicos, que son los más numerosos, se observan hemorragias subendocárdicas, ictericia y cirrosis.
Un diagnóstico definitivo debe hacerse por identificación del hongo tóxico en cantidades suficientemente grandes en la alimentación y por la reproducción de la enfermedad en cerdos por medio de cultivos puros del hongo. Este es un procedimiento de laboratorio complicado que requiere mucho tiempo, por lo que no resulta práctico en el trabajo de rutina de un laboratorio de diagnóstico.
Para el diagnóstico diferencial deben tenerse en cuenta todas las enfermedades que ocasionan ictericia, cirrosis, anemia y numerosas hemorragias. Tales enfermedades son leptospirosis, eperitrozoonosis, envenenamiento por alquitrán de hulla e intoxicaciones por algunas plantas, dependiendo de la región.
El envenenamiento por Crotalaria spp. en los cerdos se caracteriza por la muerte súbita en la forma aguda y pérdida del apetito, deficiente desarrollo y anemia en la forma crónica. Las muertes repentinas son atribuidas directamente a una hemorragia gástrica (Emmel y Sanders, 1942). Los raticidas a base de cumarina, como la “warfarina” pueden ocasionar lesiones confundibles con casos agudos de envenenamiento por maíz enmohecido.
Las lesiones en la necropsia que se acaban de describir deberían bastar para diferenciar esta afección.
Tratamiento
No se conoce un tratamiento específico. A los cerdos se les debe retirar de inmediato el alimento enmohecido. Para detectar a los cerdos con afección crónica, los que no podrán lograr un buen aumento de peso, se suministrará a todos los animales una buena ración alimenticia durante dos semanas: los que no respondan a este tratamiento deben ser sacrificados.
Epizootiología y control
Esta afección apareció en el sur de E.E.U.U principalmente en los maíces tiernos tempranos sembrados para el consumo de los cerdos. Pero también se la ha observado en variedades duras, de maduración tardía. En otras regiones se la ha visto cuando el maíz es almacenado bajo condiciones que le permiten enmohecer.
Para evitar que los cerdos coman el maíz enmohecido se han utilizado cercas portátiles de modo de poder cercar lotes pequeños de un campo, permitiendo que los animales lo consuman totalmente antes de que las mazorcas que han caído al suelo hayan podido enmohecerse.
Como una medida para determinar si el alimento enmohecido es apto para el consumo, puede alimentarse con él a un animal de poco valor durante dos semanas y mantenerlo en observación si aparecen síntomas de intoxicación. Si no hay síntomas, se puede intentar el riesgo de suministrarlo a los demás animales. El método no es enteramente seguro, debido al peligro de una intoxicación crónica que produzca daños en el hígado, que podría tener por resultado menor aumento de peso o aparición tardía de síntomas de naturaleza más seria. También existe el peligro de inhalación de mohos que pueden producir enfermedades pulmonares o sistémicas en las personas que manipulan los alimentos enmohecidos.
Fuente: Razas Porcinas.



